valentín, san


Tuvieron desde el principio un problema de comas.

Él, entre el sujeto y la acción, ponía una coma. Contra toda lógica, contra toda regla. Y no es que no supiera las reglas, o que pensara sin lógica, mucho menos eso: es que tenía un vértigo lingüístico, un miedo a dejarse ir, un cagazo padre, diríamos, en plan de enumerar, ya que para eso, también, sirven las comas.

Ella no soltaba una coma ni por error. Había que pedírselas de rodillas. Y ni así. Puntos sí ponía. Cada tanto. Pero si la coma es morosa, el punto precipita. Un sembrado de oraciones cortas es un rafting de lectura.

No hubo acuerdos ni ecuanimidades sensatas (el punto y coma: síntoma, engendro, mito: hipogrifo de la puntuación).


Las comas son un modo de habitar el tiempo, se sabe.

El tiempo es eso que solo de a ratos puede compartirse. 

5 comentarios:

Iris Rivera dijo...

Punto y coma que a veces, el que se escondió, se salva.
Me encantó, Flor!

Florencia Gattari dijo...

Gracias, Iris!!

Susana dijo...

de duelo normativo a revivir el momento,
perfecto!

nat dijo...

Me encantó. Y me hizo acordar a ese cuento tan maravilloso de Cristina Peri Rossi, "El punto final". ¿Lo conocés?

Florencia Gattari dijo...

Nop, voy a investigar, gracias!

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