mundial

En el año 98, mientras nos sucedía otro mundial, yo trabajaba en una escuela en Villa Santa Rita. 
Por algún motivo que era vital en ese momento y ahora ya no me acuerdo, el día que Argentina jugó contra Inglaterra no podía quedarme a ver el partido con mis compañeros. De modo que salí a un barrio fantasma y esperé el 25.
Llegó. 
Me lo tomé.
Éramos el colectivero y yo. 
Me senté de la mitad para atrás y miré fascinada unas calles que parecían de otra ciudad, de otro planeta.
De pronto, cuando el bondi agarró Avellaneda, estalló un gol enooorme. Sonido surround lo llamamos ahora. La postal se hizo todavía más extraña, porque había mucha vida ahí pero la calle estaba igual de vacía. 
Yo no sabía cuál era el protocolo para estos casos. El colectivero sabía perfectamente: detuvo el bondi, vino, me abrazó y me dijo "bajemos, piba". Y bajé, por supuesto. Sin saber a qué, pero bajé atrás de él. Entonces entró al primer local de ropa que vio abierto y abrazó a otros dos que festejaban frente a un televisor chiquito, acomodado en el mostrador. Vimos la repetición del gol de Zanetti, se hicieron los comentarios de rigor.
Cuando volvimos a subir al colectivo me senté más cerca. Antes de arrancar, el chofer me mostró la foto de su beba. 
El partido terminó 2 a 2 y lo ganó Argentina por penales. 



Ayer escuché el gol contra Suiza caminando por una distópica avenida La Plata. Un flaco que venía de frente me dijo "¿Entendés?, por eso lo quiero a di María", y me señaló hacia el televisor de un bar. Miramos juntos el gol desde atrás del vidrio. Estuve de acuerdo, lo quise a di María, nos despedimos.

Este partido se suma así a la lista extraña y breve de los que voy a recordar, que suelen ser los que no miro. 


2 comentarios:

alexis maffezzini dijo...

me encantó...

ileana dijo...

Que lindo es leerte, siempre :=)

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